Las Huellas del Pequeño Venado (Peyotl)

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Desde la llegada de los primeros europeos al Nuevo Mundo, el peyote ha provocado controversia, represión y persecución.  Condenada por los conquistadores españoles por su “satánica superchería” y atacada más recientemente por los gobiernos locales y grupos religiosos, la planta, sin embargo, sigue ocupando un lugar sacramental de primer orden entre los indígenas de México, y su uso se ha extendido a las tribus noreamericanas en los últimos 150 años.  La persistencia y el culto del peyote constituyen un capítulo fascinante de la historia del Nuevo Mundo, así como un reto para antropólogos y psicólogos, botánicos y farmacólogos que continúan estudiando la planta en su constitución y en su relación con los hombres.

Podemos decir que este cacto mexicano es el prototipo de los alucinógenos del Nuevo Mundo.  El europeo lo descubre en los primeros tiempos, y de las plantas que hallan los conquistadores, es ésta sin duda la que provoca las visiones más espectaculares.  Los españoles encontraron al peyote firmemente establecido en las religiones nativas y sus esfuerzos por exterminarlo hicieron que sus culto se desplaza a las montañas, donde permanece hasta la fecha.

¿Qué tan antiguo es el culto del peyote? Uno de los primeros cronistas españoles, fray Bernardino de Sahagún, estima, basándose en varios relatos históricos tomados de la cronología indígena, que los toltecas y los chichimecas conocían el peyote por lo menos 1900 años antes de la llegada de los europeos.  Este cálculo indica que la “divina planta” de México tienen una historia que se extiende por lo menos durante un período de dos milenios.  Carl Lumholtz, el etnólogo danés que realizó los primeros trabajos sobre los indios de Chihuahua, estima que el culto del peyote es aún más antiguo.  Demostró que un símbolo utilizado por los indios tarahumaras en la ceremonia del peyote aparece en las tallas rituales muy antiguas presevadas en rocas volcánicas de Mesoamérica. Recientemente, descubrimientos arqueológicos en refugios de piedra y cuevas secas de Texas revelaron la presencia de especímenes de peyote.  Estos especímenes hallados en un contexto que sugiere un uso ceremonial, indican que su utilización se remonta a más de tres mil años de antigüedad.  Los primeros testimonios europeos sobre este cacto sagrado nos los da Sahagún, quien vivió entre los años 1499 y 1590 y dedicó gran parte de su vida a los indios de México.  Sus preciadas observaciones de primera mano no se publicaron hasta llegado el siglo XIX.  La publicación más antigua debe ser entonces la de Juan Cárdenas, cuyas observaciones sobre los maravillosos secretos de las Indias se publicaron en 1591.  De todos los primeros cronistas, quizás los escritos de Sahagún son los más importantes.  Relató el uso del peyote entre los chichimecas de las mesetas desérticas del norte y así lo describió para la posteridad:  “Hay otra hierba como tunas de tierra, se llama peyotl, es blanca, se encuentra en el norte del país, los que la comen o beben, ven visiones espantosas o irrisibles; dura esta borrachera dos o tres días y después se quita, es común manjar de los chichimecas, pues los mantiene y les da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro”.

No se sabe si los chichimecas fueron los primeros en descubrir las propiedades psicoactivas del peyote.  Algunos estudiosos creen que los indios tarahumaras, que viven donde abunda el peyote, fueron los primeros en descubrir su uso y que ellos lo propagaron entre los coras, huicholes y otras tribus.  Puesto que la planta crece en varias localidades de México, es muy posible que un buen número de tribus hayan descubierto por separado sus propiedades intoxicantes.  Varios jesuitas españoles del siglo XVII atestiguan que los indios mexicanos usaban el peyote en forma medicinal y ceremonial para curar muchos males y que cuando estaban intoxicados con el cacto tenían “horribles visiones”.  El padre Andrés Pérez de Rivas, jesuita del siglo XVII que vivió durante dieciseis años en Sinaloa, informa que el peyote se tomaba regularmente, pero que su uso incluso medicinal, estaba prohibido y penado debido a su relación “con rituales paganos y supersticiones” que conectaban a los hombres con espíritus malignos a través de “fantasías diabólicas”.  El doctor Francisco Hernández, enviado como médico personal del rey Felipe II de España para estudiar la medicina azteca, ofrece la primera descripción del cacto viviente.  En su estudio etnobotánico de la Nueva España, Hernández describió al peyotl de la siguiente manera: “la raíz es de tamaño mediano y no desarrolla ramas ni hojas; tiene una especie de vellosidad adherida y esto dificulta su descripción.  Hombres y mujeres dicen que han sido dañados por él.  Parece ser que su sabor es dulzón y moderadamente picoso.  Se dice que proporciona alivio cuando se aplica machacado en las articulaciones doloridas.  Se atribuyen maravillosas propiedades a esta raíz, si es que puede darse alguna fe de lo que comúnmente se dice a este respecto.  Causa, en aquellos que lo ingieren, la capacidad de prever y predecir hechos”.  A fines del siglo XVII, un misionero español realizó en Nayarit la primera descripción sobre el ritual del peyote.  Anota, al referirise a la tribu cora:  “Cerca del músico se hallaba sentado el jefe de los cantores que marcaba el compás.  Cada no tenía un asistente que los sustituía cuando empezaba a fatigarse.  Por un lado había una bandeja con peyote, raíz diabólica que ellos trituran para beberla y no sentirse debilitados durante la prolongada función; ésta se inició con la formación de un círculo de hombres y mujeres que ocupaba todo el lugar que se había dispuesto para ese propósito.  Uno tras otro, danzaban en rueda o marcaban el compás con sus pies, rodeando al músico y maestro del coro con quienes brindaban y cantaban en el mismo tono disonante que ellos les asignaban.  Bailaban toda la noche, desde las cinco de la tarde hasta las siete de la mañana sin detenerse ni abandonar el círculo.  Al terminar la danza, los que pudieron sostenerse se quedaron de pie: la mayoría no podían mover sus piernas por el peyote y el vino que habían tomado.”  Es posible que entre los coras, huicholes y tarahumaras, la esencia de la ceremonia haya cambiado poco.  La danza siguen siendo la parte principal.  El ritual del peyote que celebran los huicholes es el más cercano a las ceremonias del México prehispánico.  La descripción que hace Sahagún del ritual teochichimeca podría corresponder muy bien a una ceremonia de los huicholes contemporáneos: estos indígenas siguen reuniéndose en el desiero, 480 km al noroestre de sus tierras, en las montañas de la Sierra Madre Occidental de México; cantan y bailan toda la noche y el día, gritan con exceso y siguen estimando al peyote más que a cualquier otra planta psicotrópica, ya sea los hongos sagrados, maravilla, Datura, u otros alucinógenos que pertenecen al campo de acción de los brujos…

Extracto de:

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Traducción de Alberto Blanco, con la colaboración del Dr. Gastón Guzmán y Salvador Acosta. FCE; Reimpresión de 1993

Hikuri

El Lophophora Williamsii (Peyotl) se distribuye a lo largo del altiplano desértico Mexicano, y son la base espiritual de la cultura Wixárica. Ellos lo llaman “Hikuri”, pero se le ha dado distintos nombres y significados, uno de ellos “venadito”, figura animal de un simbolismo sumamente sagrado en la mayoría de los pueblos indígenas. En el caso del Wixárica representa la bondad, el servicio y la sanación que proporciona esta planta para el que la consulta.

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En otros contextos culturales no Wixáricas se le conoce a esta planta denominada “psicoactiva” por la ciencia occidental como peyote, espejo del desierto o Mezcalito. Según el Nagual don Juan, nombrar a esta planta con el nombre de “peyote” era demasiado agresivo. Le instruía a su discípulo Carlos que la nombrara Mezcalito. Le hablaba del espíritu del Mezcalito, que vive en la planta y se aparece al consumirla únicamente cuando se hacía de la manera adecuada.

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Mezcalito es un espíritu que se presenta durante la toma de Hikuri cuando se hace apropiadamente, y que puede manifestarse de formas muy distintas dependiendo de la persona. Normalmente elige encarnarse en un tipo de ser o animal, que le de confianza al individuo y que no le cause miedo. Entonces este espíritu se presenta y otorga su lección al que está dispuesto a aprender. Uno de los requisitos para que así sea es estar en el desierto, y de preferencia solo, o en un grupo reducido de personas.

Son más de 50 alcaloides que se encuentran en esta planta divina, entre ellos la mezcalina. Tal cantidad se puede considerar alta, y es por esto que el hikuri sobresale por encima de las demás plantas psicoactivas.  Por esta razón se le conoce también como el “maestro del desierto”.

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Hikuri o Mezcalito se relaciona con Wirikuta, que es el centro ceremonial principal de los Wixáricas. Cada año, distintos integrantes de todas las edades de las comunidades Wixáricas de Nayarit y Jalisco realizan una peregrinación hacia su centro ceremonial Wirikuta, conocida comúnmente como El cerro del Quemado, en la sierra de Catorce, junto al poblado de Real de Catorce en San Luis Potosí. La cosmogénesis Wixárica habla de que es en este lugar por donde sale el sol, y por esta razón se viaja hasta aquí para beneficiarse de dicho lugar tan especial.

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Es sabido científicamente que los alcaloides presentes en el Hikuri pueden activar partes dormidas del cerebro. Cuando la ingesta se realiza adecuadamente, la sensación que provoca es como si antes de haberla tomado estuvieras dormido y después estás despierto.

Tamo

Existe otra variedad de peyote muy distinta al Hikuri y que no recibe mucha atención. Lo que parece que atrae la atención de los científicos es el hecho que esta variedad no contiene mezcalina. Su nombre científico es Lophophora Diffusa, y su variedad más común se ubica únicamente en el estado de Querétaro.

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Su efecto es justo lo contrario al del Hikuri. En lugar de producir un efecto de despertar en todos los sentidos como lo proporciona el Hikuri, el Tamo hace dar sueño y querer ir a dormir. Después de ingerirlo (en mi caso fue en el desierto de Querétaro), el efecto fue de tener una sensación insuperable de irse a dormir. El aprendizaje se recibe durante el sueño, en sueños muy lúcidos y reales.

Al amanecer la sensación de la planta no se ha quitado, como en el caso del hikuri.  Ya no se tiene sueño, pero un curioso efecto hace pensar al primerizo que sigue bajo los efectos del psicoactivo: la voz de los que lo han tomado cambia y se vuelve mucho más grave. Las sustancias de esta planta tienen un efecto curioso sobre las cuerdas vocales que las dilata y hace que a la persona le baje muchísimo su tono de voz durante casi dos días.

La dualidad de estas dos plantas divinas deja mucho que pensar. Aprender del mundo de los sueños puede ser algo necesario en el camino del buscador del camino. Pero abusar de la oscuridad y de los sueños puede ser contraproducente,  es claro que preferimos la realidad despierta que la dormida. Por esta razón los Wixáricas rara vez viajan a Querétaro para consultar a Tamo  y es Hikuri quien es su principal guía.

Con información adicional de Julian Katari

 

 

 

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Publicado el 22 enero, 2016 en Texto y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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